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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 10 de enero 2026
Asomada al balcón de la terraza de mi casa, miro hacia mi jardín, y me doy cuenta que la tierra se ve seca y algo árida. Y reflexiono.
La sequía es como un silencio áspero que se extiende sobre la tierra, que quiebra la piel del suelo tal como la veo desde aquí. Las hojas se vuelven memorias de lo que alguna vez fue verde. El aire se llena de polvo y espera, como si el mundo entero contuviera la respiración.
Puedo darme cuenta que la sequía también habita en nosotros. Hay sequías espirituales, cuando la fe se convierte en un desierto y las preguntas no encuentran agua en la esperanza. Existen las sequías afectivas, cuando los abrazos se marchitan y los vínculos se resecan, dejando grietas invisibles en el corazón.
Y entre nosotros los poetas y escritores podemos llegar a sentir también las sequías literarias, cuando las palabras se esconden y el papel se convierte en un páramo blanco, sin huellas ni voces. Cuando en nuestro pensamiento, las palabras se atropellan pero no llegan a brotar, porque están oscurecidas por la resequedad del entorno.
La sequía externa y la interna se reflejan como espejos: la tierra sin lluvia es como el alma sin consuelo, el río seco como la imaginación sin cauce, la flor marchita como el amor sin caricias. Y sin embargo, en medio de esa aridez, late una promesa: la certeza de que incluso el desierto guarda semillas dormidas, esperando la primera gota. Si el jardinero no riega las plantas, se mueren irremediablemente.
Si los enamorados no se hablan frecuentemente y se prodigan caricias, el amor va perdiendo fuerza poco a poco, quizás hasta morir. Si el poeta no escribe sus versos o sus prosas a diario, la inspiración se va secando hasta desaparecer y convertir las páginas en un erial.
Cada sequía, aunque parezca infinita, es también un llamado. Nos recuerda que el agua —sea lluvia, palabra, abrazo o fe— no es un lujo, sino la raíz misma de la vida. Y que cuando regresa, aunque sea en un gesto mínimo, transforma la tierra y el espíritu en un mismo milagro: volver a florecer.
Feliz día para todos. Recuerden , no permitan que cualquier tipo de sequía invada sus jardines.
 
 Puede ser arte

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