DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 27 de febrero 2926
Cada día al despertar, me doy cuenta que debo librar pequeñas batallas diarias, que parecen insignificantes, pero que a veces me obligan a replantearme el día.
Por ejemplo: levantarme cuando el sueño me pesa, salir a caminar cuando no tengo ganas, terminar una tarea que me parece interminable, esperar con paciencia en medio del ruido a que la cola del supermercado avance, esperar que cambie la luz del semáforo cuando estoy apurada, sostener el vaso cuando casi se cae, hacer café de nuevo porque la taza se derramó y lo perdí.
Son mis batallas mínimas que nadie me va a celebrar, pero que me enseñan algo importante: que la vida también se construye con triunfos sencillos. Tal vez piensen que estas victorias son absurdas, y aunque las considero superadas, no son importantes, pero para mí si lo son, porque no necesito grandes gestas para sentir que soy capaz de resistir y avanzar.
Para sentirme fuerte y dueña de mis vida y mis errores. Me basta con reconocer, que en mi trajinar diario, sigo de pie. Cada logro, por mínimo que sea, me da confianza y me prepara para desafíos mayores.
Cuando soy invencible en lo cotidiano, voy acumulando triunfos invisibles, que aunque sean pequeños, me dan seguridad en mi misma.
Y aunque no haya aplausos ni medallas, siento un respiro profundo, una certeza íntima de que puedo sobrevivir al caos de lo mínimo, y en ese sobrevivir siento la seguridad de que si puedo, y que soy del tamaño del compromiso que se me presente.
Feliz día para todos.

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