DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 3 de octubre 2025.
Amanece un nuevo día. Me desperté a las 4.30 a.m con el resonar de los truenos. Había una tormenta eléctrica. Después de hacer mis oraciones y agradecer al Señor este nuevo día, decidí salir a la terraza a disfrutar de ese juego de luces en el cielo. Fue precioso. Estuve contando los segundos entre rayo y rayo. Cada 10 segundos aproximadamente se iluminaba el cielo hacia el norte, con luces anaranjadas y rojas.
Me recordó al relámpago del Catatumbo, que pude disfrutar algunas veces en mis viajes a Maracaibo, cuando mi hija vivía alli. Así que hoy, mi pensamiento cambia "de posición", y en vez de pensar en gallos, amaneceres y lluvia, se me ocurre pensar en algo que para mi, considero serio, importante y sagrado: las promesas.
Mis hijos siempre han dicho:"mi mamá lo que promete lo cumple". Y asi es. Para mi, una promesa no es solo intención: es una deuda. No con el tiempo, sino con la confianza. Cada vez que digo "te lo prometo" , estoy firmando, sin tinta, un contrato entre mi corazón y el corazón del otro. Y si no cumplimos, no se rompe un papel, sino la confianza y la fe. Las promesas son palabras sembradas en tierra ajena. Son pactos invisibles que atan el alma de uno, a la del otro, como quien contrae
una deuda.
Hay personas que prometen por costumbre, como quien regala monedas sin saber su valor. Pero yo considero que cada promesa lleva consigo una responsabilidad: sostener lo dicho, y cumplir,
incluso aún cuando ese cumplimiento esté en la cima de una montaña.
Cumplir las promesas, es honrar la palabra como si fuera sagrada. No por exigencia de otro, sino por respeto a uno mismo. Y si lamentablemente, alguna vez fallamos, que sea con humildad. Porque no hay mayor deuda que aquella que nace del amor y no se paga con excusas, sino con la verdad.
Cumple siempre lo que prometes, es una máxima que vale la pena conservar en el corazón. Vas a lograr el respeto de los demás, y lo más importante: el respeto a ti mismo.
Feliz día para toda mi querida familia y amigos.

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