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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 7 de enero 2026
Hoy al despertar volví a mi rutina de caminar por las mañanas. Camino. No es la primera vez, ni será la última.
La calle me recibe con su repetición: los mismos rostros, los mismos saludos que parecen rituales cotidianos. Y, sin embargo, la rutina se interrumpe y se abre en mi sendero como un espacio fresco, donde todo puede suceder.
No son hazañas ni gestos extraordinarios. Son presencias mínimas, casi invisibles: la sonrisa inesperada de un vecino que interrumpe el cansancio, el perfume del café que me recuerda que aún hay horizontes por explorar, la luz del sol que se atreve a entrar en mi casa, dibujando geometrías sobre la mesa.
Y mientras camino a paso vivo, pienso en todos los abrazos recibidos el fin de año. Abrazos que no necesitaron palabras, miradas que dieron más de lo que dijeron, mensajes breves que contenían universos. Amigos que no vinieron a compartir un café conmigo, a pesar de mi invitación.
Familia y amigos que no dieron discursos ni promesas escritas, pero que con su calor y amistad me hicieron sentir la certeza de que en un momento dado, me podrían sostener, que sigo estando en nuestro mismo mundo, en el que todavía queda amor para ofrecer.
Y esos sentimientos son fragmentos de poesía dispersa, versos que quizás nadie aplaude pero que mi corazón escribe. Y así, entre luces y sombras, entre saludos y silencios, descubro que la vida se compone de instantes que parecen insignificantes, pero que, al reunirlos, forman el verdadero hogar.
Feliz día para toda mi familia y amigos. Mientras aprovechemos de abrazarnos.
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 Puede ser una imagen de una o varias personas, pelo rubio y personas sonriendo

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