DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 17 de octubre 2025
Me despierto como cada día, y me levanto todavía con el sueño pegado en los ojos. Me detengo frente al espejo del baño y miro mi rostro. Entonces, ya con los ojos bien abiertos, miro más allá, y me miro en mi espejo personal, el que llevo dentro de mí. Y me veo. No como quien busca defectos, sino como quien busca rastros de vida en cada pliegue de mi piel o en cada sombra que proyecto con la luz. Me observo sin juzgarme, como se contempla el mar: cambiante, profundo, a veces calmo, a veces tempestuoso. Sigo siendo yo. Veo que puedo quererme sin condiciones. No por lo que logro, ni por lo que otros ven, sino por lo que soy cuando nadie me observa. Me abrazo en silencio. Y medito en mis contradicciones, en mis dudas, en mis silencios. Porque todo eso es parte de mi vida. No siempre me reconozco. No obstante, hay días en que me cuesta encontrarme entre tantas voces que no son mías, entre exigencias que aprendí sin saber por qué. Y cuando todo ese ruido mental baja, ahí estoy. Con mis propios pensamientos enredados, mis dudas, mis ganas de ser y seguir siendo. He aprendido, poco a poco, a quererme sin espectáculo. A respetarme sin aplausos. A entender que no necesito ser brillante para merecer descanso o reconocimiento, ni perfecta para merecer amor y amistad. Que mi valor no se mide en logros, sino en la forma en que me sostengo cuando todo tiembla a mi alrededor, o me dan la espalda. Diría que eso es respetarme a mí misma. Ha sido, decirme la verdad, incluso cuando me duela. No engañarme yo misma. También poner límites, aunque me tiemble la voz. Y quedarme conmigo cuando todos se van. Quizás descubrir que a veces es mejor estar sola que mal acompañada, en ciertos momentos de la vida. De esta manera, bajo esa mirada apreciativa y libre de juicios, en mi vida empiezan a brotar la alegría, la serenidad, la claridad mental, la confianza y el mejor conocimiento de mi misma. Y reconozco todo lo hermoso que hay en mi interior. ¡Así es difícil no empezar a quererse un poquito más! Y por eso, yo me quiero. Y que conste que quererse no es un acto de vanidad ni narcicismo. Es un acto de justicia.
Me miro en el espejo, y me veo con honestidad, con compasión y con paciencia.
Eso es el primer paso hacia la libertad y plenitud de mi vida. Mirarse, quererse, respetarse, no es un destino, es un camino A veces se avanza, a veces se retrocede. Pero cada paso hacia uno mismo es un acto de dignidad. Feliz día para todos.

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