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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 23 de diciembre 2025
Cuando me desperté esta mañana, y salí a mi terraza, me di cuenta de algo no acostumbrado. Había silencio en mi casa vacía. Solo yo. No había canto de gallos, ni gritos de guacharacas, ni pajaritos cantando.
Entonces reflexioné sobre lo que puede sentirse cuando la casa se queda en silencio. Ese silencio, no es un vacío, sino una presencia distinta. Las voces se han apagado, los pasos se han detenido, y lo que queda es un espacio que me envuelve en mi misma.
Ese silencio no es ausencia, es un espejo: me permite ver como soy cuando nadie me reclama, cuando no hay tareas urgentes, ni conversaciones que llenar.
Es en ese tiempo que la soledad se convierte en compañía.Me invita a escuchar lo que normalmente callo: pensamientos que esperan orden, emociones que buscan reposo, decisiones que necesito madurar.
El silencio abre un lugar para la reflexión, para reconocer lo vivido y darle un sentido que no se alcanza en medio del ruido cotidiano.
Así, ese silencio me ayuda a cerrar ciclos, que no es olvidar, sino reconocer que cada etapa que he vivido cumplió su propósito, permitiendo que lo que ya no tiene lugar se despida con gratitud, para que lo nuevo pueda entrar sin cargas innecesarias.
Estamos a punto de entrar a un año nuevo, lleno de expectativas. El silencio me da la serenidad para distinguir entre lo que aún me sostiene y lo que ya no me detiene.
Así, la casa vacía se convierte en un aula discreta: me enseña que el tiempo en soledad no es pérdida, sino ganancia para conocer mejor a mi ser interior.
Que cerrar ciclos no es renunciar, sino abrir la puerta a una forma más ligera de vivir. Y que el silencio, lejos de ser un enemigo, puede ser el aliado más fiel en el camino hacia la claridad.
Tiempo de soledad puede ser tiempo de reflexión.
Feliz día para toda mi familia y amigos.
🐜🐜🐜🐜🐜🐜 NOTA: Esta foto de hoy se llama Soledad.

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