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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 13 de julio 2025. Domingo día del Señor. Y se me ocurre que los domingos debían ser días especiales, pues al levantarnos,  el alba se desliza suave, como si supiera que hoy la tierra respira distinto. El sol no se apresura, su luz se extiende como un manto bendito sobre nuestro cuerpo cuando aprovechamos sus primeros rayos, y  sobre los campos, y sobre los tejados y las calles, y sobre los rostros que se alzan con calma y gratitud. Es domingo, día del Señor. El tiempo se desacelera, y hasta el viento parece susurrar oraciones en los rincones donde el silencio se convierte en ofrenda.

Las calles se visten de recogimiento. No hay prisa, sólo pasos que conducen al templo o al corazón, donde cada latido se vuelve incienso que asciende. Las campanas no llaman, invitan. No imponen, despiertan. Porque este día no es de hacer, sino de ser. De recordar que lo sagrado no está sólo en los muros, sino en la ternura de una conversación, en el pan compartido, en los ojos que miran con fe renovada. Es el día de compartir en familia. 

El domingo es pausa que santifica, es mesa servida con amor, es palabra que sana. Es el cielo diciendo: “Estoy aquí, y también en ti.” 

Porque en este día, lo cotidiano se vuelve milagro. Y el alma, como la tierra, se deja acariciar por la presencia eterna del Señor. Recuerda que familia unida, permanece unida. Los abrazos familiares son cadenas benditas que nunca se rompen. Feliz día con muchas bendiciones. ❤️🌻

 

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