DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 24 de septiembre 2025.
Hoy amanecí algo reflexiva. Hace algunos días, escribí sobre el mar. Lo que representaba en mi vida y mis sentimientos hacia su inmensidad. Pero está mañana, al despertar y comenzar a mover la creatividad de mi cerebro, se me ocurrió comparar las épocas de mi vida, con los cambios de las mareas, de ese mar que parece tener vida propia, como efectivamente la tiene.
Puedo sentir que el mar ha sido testigo de mis pasos en la vida. A veces es calmado, y a veces furioso, pero siempre cambiante en su inmensidad. Y así quiero imaginar que ha sido mi vida.
En los días de alegría, fui ola suave danzarina del viento. Me dejé acariciar la frente por el sol, y cada espuma que brillaba era un logro, una rosa, un abrazo, un sueño realizado. Yo he navegado sin miedo, con las velas desplegadas, llenas de esperanza y el horizonte al alcance de mis manos.
Pero hubo otras épocas, noches en que mi mar se volvió oscuro, cerrando sus aguas sobre mi con preguntas sin respuesta. El dolor y la tristeza eran sal que quemaba las heridas y cada ola parecía arrastrarme fuera de mí. Sin faro, ni costa, ni estrella que me guiarán. Solo el sentir de la tristeza y el silencio de las profundidades.
Aún así, en las tormentas, nunca me sentí abandonada. Ese mismo mar me enseñó que todo pasa, que la marea sube pero luego baja, y que las olas que golpean también saben acariciar.
Ahora, sigo imaginando que puedo ser mar, unas veces playa vibrante de sol, otras veces naufragio, triste y solitario. Incluso puedo ser puerto de refugio, o faro que sirva de guía.
Pero siempre como el mar, cambiante, sin perder mi esencia. Porque mientras respire, seguiré moviendome, siendo yo misma. Pues la vida es eso: ser mar que cambia, Pero nunca deja de ser mar.
Feliz día para toda mi familia y amigos.

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