DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 30 de marzo 2026
Vino a mi memoria un tiempo en el que yo me sentía siempre triste y deprimida. Trabajaba en la calle y siempre me sentía tan agotada que no me quedaba mucho tiempo para dedicarlo a mi casa.
Mis hijos ya tenían sus propias familias y mi esposo enfermo no era de mucha ayuda. Quizás por eso siempre en mis pensamientos, cuando veía algún desorden pensaba “odio esta casa”. Mi casa no mejoraba. Pero entonces, un buen día se me prendió el bombillito del cerebro y me di cuenta del poder de las palabras y todo empezó a cambiar, y así mismo la situación de mi casa. Porque mi casa no es solo un techo: es un corazón que late al ritmo de mi vida. Cada pared guarda un susurro, cada objeto conserva una mirada, cada rincón es un pequeño refugio donde la vida familiar se acomoda y respira. Amar mi casa es amar la historia que he ido tejiendo dentro de ella, con mis manos, mis risas, mis silencios y hasta mis batallas, siempre con ayuda de la familia que formé con mi esposo. Mi casa siente cuando la cuido. Responde cuando la miro con gratitud. Se entristece cuando la descuido o la nombro con dureza. Cuando decía que odiaba mi casa era como negar una parte de mi misma, porque ella es el escenario donde he aprendido, crecido, llorado y celebrado. Es el lugar donde la vida se vuelve íntima y verdadera. Fue la casa donde comenzamos una vida en común, donde formamos una familia, donde hicimos un hogar. Y ciertamente, no todo fue color de rosa. Estas paredes albergaron muchas risas, también muchas lágrimas, porque la vida es así. Pero es mi casa, la que compartimos, y la que fue el centro de nuestra vida con nuestros hijos, que hoy tienen sus propias familias. Es mi casa, es mi historia, con sus momentos buenos y maravillosos, y también con sus momentos malos y sus lágrimas. Por eso nunca debí decir que odiaba mi casa. Y debo pedirle perdón porque incluso aunque sea imperfecta, sigue siendo el lugar donde mi vida y la de mi familia se hizo posible. Y la vida, en cualquiera de sus formas, merece ser tratada con amor. La casa es raíz, abrazo y memoria. Y cuando la cuidamos, también nos cuidamos a nosotros mismos.
Feliz día para todos.

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