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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 18 de octubre 2025
Un día más de mi vida. Un nuevo despertar a la realidad consciente. Me levanto, dispuesta como todos los días a salir a caminar. Por lo de la buena salud, ya saben. Aun así, antes de prepararme con mi ropa deportiva, me atrevo a salir a la terraza, a contemplar el amanecer. La oscuridad de la madrugada, va dando paso, silenciosamente y sin apuros, a la incipiente claridad de un nuevo día. ¡Qué variable es el tiempo, y que indiferente a nuestros sentimientos! Si decide ser noche, será noche, si decide ser día, será día. Dejo pasar el tiempo, viendo el cielo, y es entonces, cuando de pronto, en mi mente surge la pregunta: ¿Dónde se esconde el tiempo? Me doy cuenta, claramente, que el tiempo no está afuera, sino que está dentro de mí. No es un reloj, es mi pulso. Late conmigo, a veces suave, a veces urgente. Pero no deja de latir. El tiempo no me persigue, pero tampoco me espera. A veces lo siento como un río que me atraviesa sin mojarme, otras como un reloj sin manecillas que igual me apura. Quizás he querido detenerlo en momentos que dolían, y adelantarlo cuando la espera se hacía insoportable. Pero el tiempo no negocia. Solo sigue. También he querido que en los momentos de goce y felicidad, se detuviera, para que éstos fueran eternos. Y no se detiene, no me hace caso y sigue su carrera. Me doy cuenta de que no lo vivo igual cada día. Hay mañanas que se escapan como arena entre mis dedos, y noches que se estiran como sombras largas. Y si, me pesa, como si llevara años en los hombros. Otras, cuando más deseo que no pase, me sorprende su ligereza, y todo pasa en un suspiro. No sé si le temo o lo respeto. Sé que me transforma, aunque no siempre lo note. Y aunque no pueda tocarlo, él me toca a mí: en las arrugas, en los recuerdos, a veces en el cansancio al final del día, o en el dolor de espalda, también en las decisiones que ya no puedo deshacer. Me doy cuenta que mi relación con el tiempo es ésta: una conversación silenciosa, una danza sin música, una compañía que nunca se va, una aceptación de lo inevitable, de lo por venir. A pesar de mis pensamientos, cuando cierro mis ojos, el tiempo se disuelve. No hay antes ni despues, solo este instante en que vivo. Y en él, todo cabe: la memoria, el deseo, el miedo, la calma. Decido, pues, que el tiempo no es enemigo ni aliado. Es el espacio donde ocurre lo que soy. Los instantes que vivo a diario. Hoy solo quiero estar aquí. Sin correr, solo estar. Veo la hora. El cielo está claro. Tomo mi gorra morada, bordada de mariposas, que compré hace años en la isla de Margarita, y salgo a la calle a dar mi caminata diaria. Aún tengo tiempo antes que salga el sol. Feliz día para todos.

 Puede ser una imagen de horizonte, lago, océano y crepúsculo

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