DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 5 de abril
Domingo de la Resurrección del Señor
Hoy, cuando abrí los ojos al nuevo día, me di cuenta que el mundo amaneció distinto. El sol hoy brillaba con una intensidad inusual a la de estos días pasados.
Pensé que, como el sol de hoy, algo en el corazón humano se había encendido de nuevo.
Hoy es Pascua de Resurrección, y en esta fecha; tan antigua como la esperanza misma; recordamos que la vida no termina en la noche, que la última palabra nunca la pronuncia la muerte.
Y es que Cristo ha resucitado, y esa afirmación, tan sencilla y tan desbordante, me toca en lo más profundo de mi alma: en pensar en la fragilidad del ser humano, en el miedo silencioso que todos llevamos dentro sobre el sentido de la vida.
Hoy celebro que la piedra fue movida, que la tumba quedó vacía, que la historia se partió en dos para decirme que nada está perdido.
Que mi alegría no depende de las circunstancias, sino de la promesa que Jesús me hizo.
La Resurrección del Señor me invita a caminar con el corazón despierto, a mirar el mundo con ojos nuevos, a reconocer que cada día es una oportunidad para resucitar un poco: en la bondad que ofrezco a mis semejantes, en el perdón que puedo dar, en la esperanza que decido no abandonar.
Y si Cristo vive, también puedo vivir de otra manera. Puedo vencer mis noches y andar hacia la luz.
Hoy, mi alegría no es simplemente escribir y proclamar Su Resurrección.
Mi alegría es una verdad profunda. Es la invitación a renacer. A mirar mi vida con los ojos del amor. A dejar entrar en mi corazón, al corazón de Cristo.
Aleluya, Cristo vive.
Feliz Pascua de Resurrección para todos.

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