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DIARIO DE UNA HORMIGA.

Hoy es 21 de agosto 2025.
He despertado como siempre, demasiado temprano. Apenas está amaneciendo y el cielo todavía está gris. Afortunadamente las guacharacas no han vuelto. Son demasiado escandalosas y a veces me aturden. Aún medio dormida me encamino a mi terraza a observar los colores cambiantes del alba. Me siento en mi mecedora y cierro los ojos. Y allí, en el silencio y la quietud, descubro lo que no se ve.
Las raices que guardo bajo mi piel, la memoria sin nombre pero que está allí. La ternura de mi alma que no necesita testigos para existir.
Respiro profundo, y el aire entra a mis pulmones sin pedirme permiso, como para avisarme en silencio que estoy viva. Y es entonces cuando me doy cuenta que aún en esta soledad, hay algo que me sostiene, aunque yo no pueda tocarlo. Es una fuerza discreta que late dentro de mí. Cómo una luz invisible que hace posible iluminar el día. Quizás sea la esperanza que se asoma en medio del cansancio. O el amor que no se dice, pero que se siente muy adentro.
Así, que aún en la oscuridad, camino con lo invisible.
Lo escucho.
Lo dejo hablar en mi.
Es mi fuerza interior.
Soy yo.
Feliz día para toda mi querida familia y amigos.  
(Por si no la encuentran, en la foto, arriba, está la luna creciente, también cómplice de mis palabras)
 

 
Puede ser una imagen de nube, árbol y crepúsculo

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