DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 16 de febrero 2026
Quiero comentar una anécdota sucedida ayer por la mañana. Escuché los ladridos de un perro insistentemente. Me asomé a la terraza y en la calle vacía, ví un perro ladrando contra la nada, como si quisiera llenar el silencio con su ruido.
No había sombras, ni otros perros, ni figura que justificara su furia, solo el eco de su ladrido rebotando en las paredes. Era un ladrido hueco, un intento desesperado de llamar la atención en medio del vacío.
Así estuvo, sin cansarse, ladra que ladra. Sin moverse de su sitio, solo mirando de vez en cuando hacia los lados, como con temor. Entonces apareció una persona, caminando tranquila, y el perro, que parecía dueño del aire, se desmoronó en un instante: huyó despavorido, como si la presencia real desnudara la fragilidad de su ladrido.
Eso me hizo meditar allí, en el silencio de mi terraza y pensé en los hombres y mujeres que llenan el mundo con palabras sin sustancia, que hablan por hablar, como quien ladra a la nada. Se sienten fuertes en la ausencia, valientes en el vacío, pero cuando la verdad se acerca, cuando alguien con presencia los mira de frente, se quiebran, se esconden y se disuelven en su propio miedo.
Temen enfrentarse a otras personas que puedan hablar con más fuerza que ellos. Así comprendí que el ruido no es fuerza, que la voz sin sentido es apenas un disfraz, y que la verdadera firmeza se revela en el silencio que no necesita demostrarse.
No es hablar por hablar, sino hablar con sentido, con sustancia, con valor. No es necesario gritar para tener la razón. Simplemente estar seguro de lo que se dice.
A veces, las cosas simples de la vida, como el caso de este perrito escandaloso, nos hacen encontrar una enseñanza, si la meditamos a profundidad.
Feliz día para todos.

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