DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 9 de abril 2026
Me desperté, como siempre, antes de la hora en que la gente se despierta. No entiendo esa manía mía de despertarme a horas en que el mundo duerme todavía.
Entonces, como no tenía nada que hacer, me levanté y caminé casi dormida a mi terraza de pensar. Recordé el día de ayer.
Ayer fue un día de mucho cansancio. Tuve que salir a hacer algunas diligencias y con el calor del día una se va agotando, hasta quedar prácticamente deshecha.
Llegué a casa, como quien llega de una travesía por el desierto, agotada y sudando. Directo a un buen baño.
Pero aún después del refrescante baño, me sentía todavía cansada, así que decidí aplicar una medicina que siempre hace efecto. Escuchar música suave.
Y así, acostada en mi hamaca en la terraza, con los ojos cerrados, y aprovechando la brisa del atardecer, la música fue como un río invisible que atravesó mi cuerpo y mi alma.
La sentí como un pulso ordenando el caos interior. Cada nota fue un remedio: calmó la fiebre del agotamiento, suavizó mi cansancio, despertó la energía dormida en mis huesos.
Cuando la melodía se posó en mi corazón, se convirtió en pincel. Entonces mis palabras se abrieron como un lienzo, y la poesía nació como un cuadro pintado con sonidos.
Bajé a mi estudio y me senté a escribir. Así, la música no solo curó mi cansancio sino que también me inspiró.
Fue la chispa que encendió mi mano de poeta, la que transformó mi cansancio en versos.
Cuando escucho música es como dejar que el mundo me hable en otro idioma. Es cuando acepto que la belleza puede ser medicina, que la poesía es mi refugio y que la creación es un acto de sanación.
Feliz día para todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario