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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 11 de diciembre 2025
Y me levanto, como siempre, con el sueño todavía pegado en los ojos, pero con la mente ya bien clara para ponerme a ver el amanecer del día y el de mis pensamientos. No hay loros ni guacharacas.
Creo que esta no es su época de visitarme. Y aunque podría decir que es el momento perfecto, me doy cuenta que la perfección es como un ideal distante, un horizonte que nunca se alcanza.
Sin embargo, la vida se sostiene en lo contrario: en lo incompleto, en lo que se quiebra, en lo que se desvía del trazo recto. La imperfección no es un defecto, sino la huella de que estamos vivos.
Cada día nos recuerda que no somos exactos y mucho menos perfectos. El café se derrama, la palabra se tropieza, el plan se altera, algún plato se rompe, a veces hasta una caída en la calle.
Y en esos pequeños desajustes aparece la oportunidad de aceptar que la existencia no necesita pulirse hasta brillar. La belleza está en el gesto espontáneo, en la cicatriz que cuenta una historia, en la mesa rayada por los años de uso, en algún pequeño remiendo en la ropa.
Por lo tanto hay que reconocer que el error puede ser maestro, que la pausa puede ser un buen aprendizaje. Cuando aceptamos lo imperfecto, dejamos de luchar contra la realidad y comenzamos a aceptarla con serenidad. Hoy los invito a vivir lo imperfecto que hay en cada uno de nosotros.
Conversar sin seguir un guion, escuchar al otro sin decirle que se calle, aceptar los errores de los demás, como aceptamos los nuestros porque nadie es perfecto, aceptar la amistad que sobrevive a los desencuentros.
Es un recordatorio válido de que lo auténtico no necesita pulirse, solo ser reconocido, con todo y sus errores.
Feliz día para todos.
 
DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 11 de diciembre 2025
Y me levanto, como siempre, con el sueño todavía pegado en los ojos, pero con la mente ya bien clara para ponerme a ver el amanecer del día y el de mis pensamientos. No hay loros ni guacharacas.
Creo que esta no es su época de visitarme. Y aunque podría decir que es el momento perfecto, me doy cuenta que la perfección es como un ideal distante, un horizonte que nunca se alcanza.
Sin embargo, la vida se sostiene en lo contrario: en lo incompleto, en lo que se quiebra, en lo que se desvía del trazo recto. La imperfección no es un defecto, sino la huella de que estamos vivos.
Cada día nos recuerda que no somos exactos y mucho menos perfectos. El café se derrama, la palabra se tropieza, el plan se altera, algún plato se rompe, a veces hasta una caída en la calle.
Y en esos pequeños desajustes aparece la oportunidad de aceptar que la existencia no necesita pulirse hasta brillar. La belleza está en el gesto espontáneo, en la cicatriz que cuenta una historia, en la mesa rayada por los años de uso, en algún pequeño remiendo en la ropa.
Por lo tanto hay que reconocer que el error puede ser maestro, que la pausa puede ser un buen aprendizaje. Cuando aceptamos lo imperfecto, dejamos de luchar contra la realidad y comenzamos a aceptarla con serenidad. Hoy los invito a vivir lo imperfecto que hay en cada uno de nosotros.
Conversar sin seguir un guion, escuchar al otro sin decirle que se calle, aceptar los errores de los demás, como aceptamos los nuestros porque nadie es perfecto, aceptar la amistad que sobrevive a los desencuentros.
Es un recordatorio válido de que lo auténtico no necesita pulirse, solo ser reconocido, con todo y sus errores.
Feliz día para todos.
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