DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 8 de septiembre 2025.
Recuerdo el día de ayer con especial alegría. Mi hija mayor cumplió años y aunque vive en Australia y era imposible abrazarla, pude verla y hablarle gracias a la vídeo llamada . Nos vimos, nos hablamos, y en cada palabra y mirada que me dedicó pude sentir la ternura del amor filial. Un amor que ni la ausencia, ni la distancia pueden borrar de nuestros corazones . Y es que la ternura camina descalza por los bordes del alma y se deja ver suavemente a quienes amamos. No grita, solo se muestra en lo invisible, en una mirada que se sostiene ante mis ojos, en un gesto de cariño conocido por mi desde que la acuné en mis brazos y me sonrió por primera vez, y apretó mis dedos con su pequeña manita. La ternura es un lenguaje secreto que no se aprende, porque ya viene en el corazón desde el nacimiento. Se recibe con los genes, y se reconoce al sentir el latido del otro corazón. Está en la memoria del amor. No es debilidad, aunque muchos piensen que lo es. La ternura es la revolución de nuestros más íntimos sentimientos, hacia lo que verdaderamente anhelamos y que amamos con la fuerza y la intensidad que nos produce el sentimiento arraigado desde siempre en lo profundo del alma. Esa ternura que podemos demostrar en una sonrisa, en el roce de las manos, en el amor al preparar el desayuno a la familia, en como escuchas sin interrumpir, en tus oraciones mañaneras al Padre Celestial. La ternura viene unida al amor incondicional. Al amor que se siente muy fuerte, y que dura para siempre . Para toda la vida. Amo a mis hijos. Son mi paz y mi ternura.
Feliz día para toda mi querida familia y amigos.
En lña foto mi hija María Inés y mi primera nieta Marianne.

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