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Diario de una hormiga
Hoy es 18 de enero 2026
Despierto, después de una noche de largo insomnio pensando, y eso me impidió dormir temprano. Lo tomé con paciencia y esperé que el sueño llegara, a cerrarme los ojos.
Así que al despertar ya tenía el tema para el diario: la paciencia.
La paciencia creo que es un arte invisible y secreto. Es una especie de baile silencioso entre el tiempo y el alma. No es una espera pasiva, esas de cruzarse de brazos y quedarse esperando. Más bien, es abrir los brazos al viento y al cielo, abrazando lo que aún no llega, como si ya estuviera en camino.
Es sembrar sin pensar en cosechar, y aun así regando la tierra con confianza, sabiendo que la semilla tiene su propio tiempo y su propio lenguaje de raíces.
Es la fe sin palabras, la certeza de que todo lo que ha de ser, será, cuando sea el momento preciso. No obstante hay una paciencia más difícil, más esquiva, más necesaria: la que debemos tener con nosotros mismos. Y es que también nosotros somos tierra que germina lento. Porque hay días en que no florecemos, en que nos sentimos torpes, dispersos, cansados.
Y sin embargo, incluso entonces, algo en nosotros sigue creciendo, aunque no lo veamos. La paciencia con uno mismo es un acto de ternura radical, un pacto de no violencia con el alma.
Es mirarse con los ojos del tiempo, no con los del juicio. Es entender que sanar, aprender, cambiar o simplemente ser… lleva su tiempo. Y que no hay error más hondo que exigirnos ser ríos cuando apenas somos lluvia. La paciencia es la madre de la transformación.
No nos grita, no nos empuja, no nos exige. Solo quiere acompañarnos. Y en su compañía, todo lo que parecía imposible comienza a encontrar su forma.
Así, quien cultiva la paciencia no se rinde: se enraíza. No se detiene: respira. No se olvida de sí: se abraza. Y crece.
Feliz día para todos, esperando con paciencia el día próximo.

 Puede ser una imagen de Rosa del desierto


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