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DIARIO DE UNA HORMIGA
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Hoy es 23 de octubre 2025
Me he despertado muy filosófica. Ayer escribí sobre el valor de mis manos, y cuando me levanté esta alborada, en dirección a mi terraza de pensar, para esperar el amanecer completo, me pregunté: ¿Podría el diario de hoy tratar el tema de los pies? Y me respondí a mí misma: ¿Por qué no? Tan importantes son mis manos, como mis pies. Como toda yo, esa es la verdad. Para mí, cada parte de mi cuerpo, me parece importante, pues cada una tiene su función, y como si fuera una maquinaria, cada “pieza” tiene importancia y debe ser cuidada y mantenida para su buen funcionamiento. Ojo, estoy hablando de mi cuerpo, el que Dios me dio, y del que me siento muy contenta.
Mis pies no saben de gloria, pero conocen el mundo. Han pisado tierra húmeda, baldosas frías, alfombras tibias y charcos inesperados. Y hasta sustancias más desagradables. Han tropezado y se han caído, sin quejarse. Incluso, se han quebrado sus huesos y han tenido que soportar una bota de yeso por un mes. Y ahí siguen. Sosteniendo mi cuerpo. Sin quejarse, ni rendirse. No preguntan, no juzgan: avanzan. Han caminado el kilómetro de más, que aconsejan los que saben del éxito, y me han llevado a ocupar el primer lugar en ventas a nivel nacional, en la campaña millonaria, cuando trabajé en el Círculo de Lectores. Son los primeros en llegar, les gusta la puntualidad, y son los últimos en rendirse. En ellos se guarda la memoria del camino. Cada paso, cada tropiezo, cada caída en la calle, cada resbalón, hasta cada caída por las escaleras, cada danza improvisada en la cocina, cuando escucho música mientras lavo los platos. Son humildes, casi invisibles, pero sostienen el peso de mis días. Me llevan al abrazo, al trabajo, al descanso, al encuentro con mis amigos, a mis poemas que tanto me gustan, hasta al amor. Me sostienen cuando todo tiembla y parece deshacerse a mi alrededor.
A veces olvido lo valiosos que son, como se olvida lo esencial. Pero ellos siguen ahí, fieles, silenciosos, esperando el próximo destino. No buscan aplausos, solo suelo firme. Mis pies no buscan caminos, conocen los ya caminados y crean caminos nuevos. Y donde ellos pisan, se afirma la la vida, porque son como raíces móviles que me anclan a la vida, y me llevan a dejar huellas. Cada huella que dejo es el testimonio silencioso de que ahí estuve, y de que sigo estando.
Feliz día para toda mi familia y amigos.
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 Puede ser una imagen de masa de agua

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