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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 9 de marzo 2026
Tengo una planta de jazmín malabar, que comenzó a secarse. La fui podando a ver si podía salvarla, y al ver que era imposible, decidí cortarla definitivamente.
Pero su tronco estaba profundamente enraizado en la maceta y no lo pude sacar. La dejé así y la aparté. Eso fue hace un mes. No volví a ponerle agua y me olvidé de ella.
El sábado pasado, revisando mis plantas, vi que en ese tronco seco había varios pequeños retoños. Me admiré, pues no lo había vuelto a regar ni prestarle atención.
Entonces pensé que la naturaleza me estaba enseñando algo, pues donde la sequía parecía haber clavado su aguijón, quedó un tronco desnudo, y yo creí que la historia había terminado allí, en esa madera seca de cincuenta centímetros, como un epitafio de la vida.
Pero la naturaleza, en su sabiduría indomable, no se rindió ante la apariencia de la muerte. Desde lo que parecía ruina, brotaron pequeños retoños, discretos, humildes, pero firmes en su propósito de vivir: recordándome que la vida siempre busca un resquicio para renacer.
Ese jazmín, con su resistencia callada, me enseñó que la fuerza no siempre se manifiesta en lo grandioso, sino en la persistencia de lo pequeño.
Que incluso cuando todo parece perdido, la savia aún guarda secretos, la raíz aún guarda memorias, y el tiempo aún guarda promesas. No hay final absoluto, solo transformaciones.
La resistencia no es un acto de violencia contra la adversidad, sino un susurro paciente que dice: “Todavía puedo, todavía soy, todavía floreceré.” Y esos retoños que brotan del tronco, me dieron una bonita lección; que incluso en mi sequía, en mis derrotas aparentes, puede brotar un nuevo comienzo.
Porque la vida, como el jazmín, siempre tiene para mí un último gesto de esperanza.
Feliz día para todos.
🐜🐜🐜🐜Nota: pueden ver los retoños en la foto.
 Puede ser una imagen de árbol

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