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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 6 de febrero 2026
Esta mañana, no hubo loros ni gallos alborotando, solamente estuvimos mis pensamientos y yo.
Tampoco hubo lluvia temprana que refrescara el jardín. Solo las palabras en mi mente y yo.
Miro hacia el jardín, y me doy cuenta que mis palabras pueden llegar a ser como semillas. Si logro que caigan en tierra fértil, son capaces de levantar puentes invisibles entre los corazones.
No obstante, si esas semillas las lanzo como piedras arrojadas con furia, pueden herir y dejar cicatrices que nunca se borrarán.
Lo mismo sucede con las palabras que otros me lanzan, bien sea con sinceridad, o bien sea con malicia y desdén. Porque en el silencio de este mundo incierto y tan cambiante, hay algo que permanece, y es que las palabras son como la arquitectura.
Unas pueden erigir templos de confianza y esperanza, abriendo ventanas a la luz, pues cada sílaba que nos acaricia y cada frase que nos sostiene, se convierte en los cimientos de la humanidad.
Pero también hay otras palabras que son como relámpagos oscuros. Se deslizan como cuchillos afilados, atacando, rompiendo la armonía, desmoronando la fe.
Esas palabras llegan a ser ruinas anticipadas y destructoras, y al ser pronunciadas, el aire se vuelve pesado y tenso.
Así, el lenguaje puede ser arma de doble filo: edifica o derrumba, acaricia o golpea.
La elección está en la boca del que pronuncia y en el corazón de quien decide. Porque cada palabra es un acto: puede ser abrazo o abismo, puede ser puente o precipicio.
Así pues me quedo con la idea de que quizá la sabiduría consista en aprender a hablar como quien siembra: con cuidado, con ternura, con conciencia de que cada sonido lleva dentro la posibilidad de construir un mundo o de reducirlo a cenizas.
Recuerda: las palabras tienen poder.
Feliz día para todos.
🐜🐜🐜🐜Nota: Esa extraña y bella flor me la regaló una de mis plantas.
 
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