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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 11 de enero 2026
Esta mañana, en mi terraza de pensar, recordé los bonitos días de fin de año, cuando pudimos reunirnos entre familia y amigos, para compartir bellos momentos.
Y se me ocurre imaginar que compartir es como abrir una ventana en la soledad del mundo, para dejar entrar a ese mundo. Los compartires son semillas que germinan en la tierra común: un mirada, una palabra, un pan partido en la mesa, una risa que se expande como fuego amable en la penumbra.
No importa la magnitud de lo que demos: a veces es un silencio compartido, a veces un recuerdo, un abrazo, una palabra cariñosa, a veces el simple hecho de estar ahí.
En el acto de compartir se revela una verdad antigua: que lo que poseemos se vuelve más nuestro cuando lo damos, que la riqueza no está en acumular, sino en multiplicar la vida al dejarla fluir hacia otros.
Compartir momentos es de un valor incalculable.
Los compartires son la magia del día a día : pueden cambiar lo común en valioso y lo fugaz en eterno. Son la memoria que se teje entre abrazos, el eco que nos recuerda que somos más que uno, que somos coro, tejido, constelación. Somos como una piña, pues.
Que no vivimos en una isla desierta.
Compartir es decir: “te reconozco, te incluyo, te celebro”. Es la manera más hermosa de afirmar que la vida no es un monólogo, sino un diálogo infinito donde cada voz, al unirse, se vuelve coro.
Así, los compartires nos sostienen y nos hacen más humanos. Porque en cada acto de dar y recibir, se revela la certeza de que la vida, en su esencia, no está hecha para guardarse, para vivirla en soledad, sino para expandirse como luz que se multiplica en cada encuentro.
Feliz día para todos. Aquí dejo un abrazo para compartirlo con ustedes.
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