DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 17 de diciembre 2025
Cada mañana, al levantarme y llegar hasta mi terraza de pensar, me asomo al jardín y desde mi altura puedo observar como las flores que tengo allí plantadas, crecen libres.
No las corto, las dejo ser, crecer y entregarse al sol y a la brisa, como una lección de libertad. Así como mis pensamientos, que crecen libres en mí, entregados a las vivencias de los días, y de los buenos momentos. Sigo disfrutando de la vista de mi jardín, y me doy cuenta que las mariposas y los pajaritos llegan sin avisar.
Llegan en profusión de lindos colores y revoloteos graciosos. Están allí como si el tiempo no pesara, y todos ellos liban entre los pétalos con la delicadeza de quien sabe que la belleza no se posee, se contempla.
Ese rincón de tierra y color de mi jardín, me habla sin palabras. Me recuerda que la paz no siempre está en el silencio, sino en el murmullo suave de la vida que sigue su curso sin prisa. Y miro. No hago más que mirar.
El jardín se convierte en un espejo donde me reconozco sin apuro. Cada flor que se abre sin permiso, cada mariposita que danza entre los tallos, me recuerda que la vida no necesita ser controlada para ser hermosa.
Allí, mirando mi jardín, mi alma se aquieta, como si recordara que también yo necesito florecer sin miedo.
A veces, el canto de un pájaro basta para calmar la tormenta que llevo dentro, la de los días malos. Y entonces entiendo que esta belleza que logro ver en mi jardín, no es solo ornamento: es medicina. Es mi compañía. Es una forma de oración sin palabras, donde el espíritu se aquieta y el corazón se alegra sin saber por qué.
Entonces, ya no me siento tan sola.
Así, mi jardín no es solo tierra y color. Es refugio. Es maestro. Es hogar.
Feliz día para todos.

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