DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 27 de agosto 2025.
Ayer
hizo un calor muy sofocante, un calor pesado le llamo yo. Sabía que en
algún momento del día llovería, y así fue. El trueno retumbó, la lluvia
comenzó a caer. La energía eléctrica se fue y mi computadora se apagó.
Sabía que eso podría pasar. Si pudiera volver el tiempo atrás, la
hubiera apagado y evitado en ella cualquier daño posible. Entonces me
puse a pensar en ¿qué pasaría si pudiera recuperar el tiempo perdido?
Recuperar el tiempo no sería volver enteramente atrás, sino poder
recuperar lo que dejamos atrás.
Porque
en ese ir y venir de horas y días, la vida se fue pasando. Ahora
recordamos con nostalgia, los días que se llevaron nuestra infancia y
nuestra adolescencia. Los abrazos que no dimos, y los que nos negaron.
Los besos que dejamos temblando entre los labios, y los que no
recibimos. Los perdones que no dimos y los que no nos otorgaron. Las
disculpas que quedaron mudas sin ofrecerse, y las que no nos ofrecieron.
Los puentes que no cruzamos por miedo a caernos. Las decisiones que nos
obligaron a tomar, que fueron equivocadas y cambiaron nuestras vidas.
Las ternuras que se quedaron en el corazón y no se entregaron. Las
palabras que no se dijeron por temor a abrir demasiado el corazón. Con
las miradas que se esquivaron. Los años que han pasado, viendo salir el
sol al amanecer y al atardecer verlo hundirse en el horizonte del mar.
Las lágrimas que nos hemos secado. Las risas que nos hicieron felices.
Recuperar el tiempo perdido, no sería volver atrás, sino aprender a
estar más enteramente aquí, como quien riega una planta que creyó
marchita y la ve retoñar y descubre que aún puede dar mucha belleza. Si
pudiéramos tocar todo eso de nuevo, no lo apretaríamos con culpa, sino
que lo sostendríamos con amor, como al niño que vuelve a casa, después
de haberse extraviado con sus propios pasos. Y con gratitud veríamos el
tiempo pasado, y podríamos decir como Neruda:" confieso que he vivido".
Feliz día para toda mi querida familia y amigos. La foto de hoy corresponde a mi pianola-piano. Ella tiene conmigo más de 50 año. Pero nació en 1935 y fue fabricada por la compañía Aeolian. La vendía el Almacén americano en Caracas. Ha sido testigo de muchas veces mis manos interpretando algunos temas, como por ejemplo Für Elise. Hoy día la toca mi hijo Alberto Brandt Arrabal, quien es el músico de la familia y que me la ha pedido en herencia. Por supuesto, será suya.

No hay comentarios:
Publicar un comentario