DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 13 de enero 2026
Ayer fue un día algo tedioso. Tuve bastantes ocupaciones que hacer, sin embargo tuve la satisfacción de poder saber lo divertido y bonito que pasó mi nieta, el día de su cumpleaños.
Y es que las satisfacciones son pequeños huéspedes luminosos que golpean a nuestra puerta con la promesa de quedarse, pero en realidad, apenas pisan el umbral de nuestra vida, nos dejan su regalo y se van.
Son como un instante de quietud en nuestra marea diaria, que a veces entre sus olas, lleva multitud de carencias. Las satisfacciones diarias, pueden actuar como puntos de reposo. Como pequeños oasis donde nuestra sed se puede refrescar de los vacíos existenciales.
De esas necesidades de pequeños goces que alivien la resequedad de los problemas diarios. Es por eso, que ya, al comenzar el día con su paso de campana, justo al despertarme, ya me lleno de la tibieza del primer sorbo de mi café recién colado, del pan que cruje al cortarlo.
Y miro el cielo entre las hojas de los árboles de caoba frente a mi casa, y abrazo ese instante con la urgencia más sabia al pensar, que esas pequeñas cosas, al comenzar el día, me producen satisfacción y alegría. Eso me bendice el día y me anima a que mis 24 horas se llenen de la maravillosa alegría de vivir.
Quiero dejar que esos instantes, me bañen la vida, para llenarla de muchas más satisfacciones. El saludo de mi hija por whatsapp desde Australia contándome lo buen que pasaron el cumpleaños. Saber que mi amigo enfermo está mejorando de su virus. Entender el por qué ese día las flores amanecieron espléndidas en mi jardín. Disfrutar con los abrazos cálidos de mi hijo y mis nietos.
Confiar que mi Dios está bendiciendo nuestras vidas al darnos esas pequeñas o grandes satisfacciones. La vida es bella, aún con sus derrotas o imperfecciones.
Pero es bella porque todos los días hay un regalo para nosotros en esas satisfacciones que alegran nuestro espíritu.
Feliz día para todos. Feliz día con alegría.

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