DIARIO DE UNA HORMIGA.
Hoy es 25 de septiembre 2025.
Anoche tuve la gran alegría de poder conversar con mi hija, residente en Australia. Yo le había enviado a ella un audio que me envió hace días, un amigo que fue alumno mío en su infancia, y dónde él me mostraba su cariño y agradecimiento por mi labor y los buenos frutos que había dejado en él. Mi hija entonces me dijo: "qué bonito, son las semillas que sembraste hace tantos años y hoy recoges los frutos. Se parece al dátil, que da frutos después de tantos años. ¿ Por qué no escribes sobre eso?". Y medité que hay árboles que enseñan más que los libros, y entre ellos, la palma datilera es maestra de paciencia. Ella nace en silencio, en medio de una tierra ardiente, y durante años parece no ofrecer nada al mundo. Pero en esa apariencia reposada y quieta, se va gestando una fuerza desmedida. Ella no se apresura. Simplemente, espera. Así, podemos compararla con nuestra alma. Algunos florecen temprano, como si fueran un fuego de verano, y hay otros, como la palma datilera, que requieren décadas para dar su fruto más dulce. En un mundo que todo lo quiere rápido y ya, listo, el dátil nos recuerda que lo más valioso no siempre llega pronto. Que hay vidas cuya cosecha se da en la madurez, cuando sus raíces son más profundas y su piel más curtida por el sol. El dátil no se da por capricho, sino por constancia. Su dulzura es el resultado de años de resistir al viento, al calor, a la sequía de los desiertos. Así mismo , los logros del espíritu humano; la sabiduría, la compasión, el ser auténticos; no brotan sin lucha. También deben curtir su piel con los golpes de la vida. Y a pesar de quizás, dar frutos tardíos, son eternos.Más aún, cuando la palma datilera nos ofrece su fruto, el dátil, no lo hace para ella misma. Sino que se lo entrega al viajero, al niño, al anciano. Y su fruto dió alimento, su cuerpo dió sombra y dió consuelo al caminante.Asi como la vida bien vivida, que al final no se mide por lo que obtuvo, sino por lo que se dió. Asi me siento yo, cuando alguno de mis antiguos alumnos me envían mensajes de agradecimiento por mi labor y las semillas que dejé en ellos, sembradas con amor y paciencia, han dado y siguen dando una cosecha de buenos frutos. Feliz día para todos mis familiares y amigos.

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