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DIARIO DE UNA HORMIGA.

Hoy es  30 de agosto 2025.
Desperté temprano, y levantándome después de mis oraciones, me dispuse a ir a mi lugar de pensar. Aproveché para disfrutar de un amanecer rojizo, que amenazaba lluvia durante el día. Y entonces, cerré  los ojos y no sé por qué me sentí en completa soledad. No había  ruidos alrededor, solo silencio. Me vino a la mente una conversación que sostuvimos entre amigos hace algunos días. Me di cuenta que esa soledad, no era ausencia, ni ecos de lo que no está. Era más bien como un susurro de espera. En ese silencio, es como si la vida se desnudara de ruidos y se volviera algo muy íntimo. No hay testigos que sientan mi respiración. Y mi mente aprovecha para hacer germinar ideas y preguntas que no caben en la luz de los ruidos diarios. Me lleno de verdades que se revelan cuando no hay nadie a mi lado. La soledad no es un castigo, aunque a veces duela. Es solo una pausa en el camino. Es simplemente aprender a estar con uno mismo, sin huir. Y a veces, en esa soledad, nos damos cuenta que no estamos solos del todo. La soledad a simple vista parece quietud, Pero en la profundidad del alma, palpita compañía, y aunque el cuerpo viva sin testigos y sin prisas,sabe bien que estar sola no es estar abandonada, sino ser una tierra fértil para que broten raíces de nuevos  sentimientos. Son susurros del viento que no piden respuestas, luz suave que entra por las rendijas del alma y que acaricia suavemente sin hacer ruido. Y así, en ese espacio sin otros, descubrimos  quienes somos cuando no estamos tratando de ser. Y algo en nosotros algo se alza, tierno y vivo.
La soledad no es ausencia. No es estar solo. Es un momento para mirar dentro de nosotros mismos y saber quiénes somos y de lo que somos capaces.
No estoy sola.
Nunca voy a estar sola.
Feliz día para toda mi querida familia y amigos.

 

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