DIARIO DE UNA HORMIGA.
Hoy es 14 de septiembre. Día del Señor.
Hoy amanecí otra vez con los recuerdos algo alborotados. Pensando si realmente mis escritos de estos días habrán reflejado mis sentimientos. Porque yo, que he sembrado palabras en corazones pequeños, me doy cuenta que lo esencial no se escribe en pizarras, sino en la piel del alma. Pues esa arquitectura secreta la tejemos con hilos que no se ven. No tiene voz pero sabe hablarnos en susurros, cuando el mundo grita a nuestro alrededor. Y es precisamente eso, lo invisible lo que está en la raíz de cada gesto sincero. Es el temblor de una mano que me acaricia sin pedir nada a cambio. Es una lágrima que cae sin saber por qué. Y es ese invisible que rodea nuestra vida lo que nos sostiene. Es la fe sin explicación. Es el amor que nace sin que nadie lo escoja. Es la memoria que marca nuestros recuerdos. Ese "invisible" los niños lo conocen, porque saben escuchar el silencio entre las palabras de los mayores. Porque saben leer el lenguaje de los ojos de la madre. Porque perciben la verdad en los sentimientos.
¿ Sabemos, acaso, nosotros encontrar lo invisible? Si nos fijamos bien podemos encontrarlo en la raíz de un poema o en el hueco entre las notas de una hermosa melodía. No podemos verlo, pero si ponemos atención podemos sentirlo. Ese "invisible" puede tocarnos a nosotros en un gran momento. Cuando la sensibilidad está a flor de piel. Hoy he escrito desde allí, desde lo invisible. Algo que no puedo ver, pero que sé que me sostiene. Que me da el impulso que necesito diariamente para escribir. Para desnudar mi corazón. Para escribir mis poemas. Para hablar en el silencio de mis horas, con mi alma llena de fe y de esperanza. Porque lo que mi corazón anhela, en cualquier momento verá la luz y dejará de ser invisible.
Feliz día para toda mi querida familia y amigos.
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