DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 15 de marzo 2026
Me despierto pensando en qué me traerá este día.
Y me imagino en esa cantidad de cosas que pasan a mi alrededor y que pareciera que son invisibles, y aún así, tienen parte de responsabilidad en el transcurrir de mi día.
Son pequeños hilos invisibles, que se entrelazan para modificar mis horas, y mis circunstancias. Quizás no se ven, pero se sienten. Yo las siento y me doy cuenta de su importancia.
La caída y el roce de una hoja de las caobas de la avenida hasta mi jardín. El perfume de sus pequeñas flores. El resplandor del primer rayo de sol sobre los pétalos de una flor de malabar que se abrió esta mañana. La pausa entre los latidos de mi corazón cuando recuerdo los momentos que me hacen feliz. El canto de un cristofué o una paraulata, posados en la reja. El libar de las mariposas en las flores de mi jardín. El silencio de la casa al amanecer, que se abre como un umbral.
Son esos instantes invisibles que no reclaman mi atención, pero sostienen el anclaje de mi día a día. Son la raíz secreta de mi alegría, la respiración oculta de mi esperanza.
Cuando los nombro, descubro que mi vida quizás no esté llena de grandes conquistas, pero sí está llena de bonitos momentos en la delicadeza de lo que a veces me pasa desapercibido.
La luz del sol que se desliza en la pared me recuerda que lo efímero también puede ser eterno, que lo pequeño sostiene lo grande, y que la gratitud nace en lo que no se ve.
De esta manera, cada uno de mis días, puede convertirse en unas magníficas venticuatro horas si permito que la luz se filtre en ellas.
Y que yo, como mi hormiga, al escribir, puedo ser peregrina de lo invisible, testigo de lo que se calla, pero al mismo tiempo, dueña de cada momento del día, donde lo invisible que me rodea, me permite disfrutar cada instante, aunque esté en silencio y sola.
Feliz día para todos.

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