DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 4 de septiembre 2025.
Hoy
amaneci más temprano de lo habitual. Lo sé porque no había gallos
cantando ni guacharacas alborotando, y todos ellos son siempre muy
puntuales. Abrí los ojos, encendí mi lámpara de leer y me quedé viendo
la blancura del techo, imaginando que yo era una página en blanco,
olvidada, sin escribir. Y pensé que esa página sin escribir, no estaba
vacía por falta de historias, sino por palabras que no quiero nombrar.
Me sentí como la orilla de la playa, que espera el oleaje, con la
certeza de que vendrá, pero con la incertidumbre de saber si traerá
caracolas, o restos de naufragios. O tal vez una botella con un mensaje.
Me sentí como el eco de una canción que nadie canta
ya, porque hay canciones nuevas, aunque la mía siga vibrando en el
pecho de quienes la cantan. Podemos sentirnos hasta como el farol
encendido en pleno día, que aunque es inútil a la vista, se mantiene
fiel a su propósito de alumbrar, aunque nadie lo note. Ah, pero yo,
siempre fiel a mis sentimientos, en medio de esa ensoñación sentí un
susurro muy leve, casi imperceptible, que me dijo que mañana no será
igual. Que el sol traerá un color nuevo, más brillante, y mi alma mirará
todo de manera diferente. Lo que hoy me pesa, mañana va a flotar, y lo
que hoy duela, mañana será una enseñanza. Y si hoy hay un espacio vacío,
el futuro traerá tierra fértil para sembrar nuevas semillas. Así que
este día lo voy a cerrar entre las hojas de un libro, como se guardan
las flores para secarlas y luego admirarlas. Guardaré este día con fe,
con la seguridad de que nada puede vencerme, porque incluso las páginas
olvidadas pueden ser escritas con un prólogo tan hermoso, que las
conviertan en el Best seller de mi vida.
Feliz día para mi querida familia y amigos.

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