DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 12 de marzo 2026
Amanece con una brisa fresca y sabrosa que me invita a pensar. Hay muchos pensamientos en mi cerebrito, y quisiera sacarlos a todos para que vean la luz. Así que hay que tener paciencia y dejarlos salir poco a poco.
Hoy me gustaría pensar en el poder de la palabra y el poder de la queja. La palabra es semilla: germina en el silencio y se expande como raíz profunda que da lugar a un gran árbol frondoso y lleno de frutosl. En ella habita la posibilidad de crear mundos. La palabra es poder, y quien la pronuncia siembra destino.
Pero cuando la palabra se reduce a la queja, se marchita su fuerza creadora. La queja constante es un eco que nos va erosionando el alma, es un murmullo que no construye, sino que desgasta.
Vivir quejándose es como caminar bajo una lluvia interminable de sombras: cada gota corroe la alegría, cada lamento encierra la vida en algo estéril.
El que se queja vive dentro de un círculo vicioso, olvidando que la palabra también puede ser canto, puede ser gratitud, puede ser impulso. La queja es un espejo que refleja lo que falta, el que vive quejándose convierte su palabra en ceniza, mientras que la palabra consciente revela lo que aún florece, abre caminos, nombra la gratitud y despierta la vida.
Así, elegir cómo hablar es elegir cómo vivir. La palabra puede ser raíz o cadena, puede abrirnos horizontes o encerrarnos en cárceles invisibles.
Quien transforma la queja en reflexión, y la reflexión en gratitud, descubre que la vida no se mide por lo que falta, sino por la plenitud de lo que se nombra con amor.
Hoy elijo vivir con gratitud, con reflexión y alegría, dando gracias a Dios.
Feliz día para todos.

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