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Hoy es 3 de abril 2026
Mis pensamientos al despertar, me llevan descalza y sin prisas, a sentarme en mi terraza de pensar. Y desde allí, con la vista puesta en mi trabajo de jardinería de ayer, recuerdo con el amor que sembré aquellas plantitas, para que tuvieran una mejor vida.
Eso dirigió mi mente hacia ese amor que no conoce fronteras ni cansancio. Un amor que no se mide por el pulso breve de los días, sino por la eternidad que lo sostiene.
Ese amor es Cristo, que se inclina hacia cada uno de nosotros como quien recoge un tesoro escondido en la arena, sabiendo que cada alma es un universo que merece ser abrazado.
Esta hormiga de hoy, hace honor a ese Amor eterno porque es una llama que no quema, pero ilumina. Es un silencio que no vacía, sino que llena.
En Cristo tengo una esperanza que no es promesa futura: es presencia viva. Me invita a caminar sin miedo, a confiar sin reservas, a dejar que su amor infinito sane mis heridas.
Porque quien se deja amar por Cristo entra en un horizonte donde nada se pierde, donde todo se transforma con amor, donde la vida se vuelve canto. Y ese canto que es suave, humilde y luminoso, es la esperanza eterna que Jesús me regala: la certeza de que soy amada sin medida, y de que ese amor no terminará nunca.
Vamos a permitir que la corriente de ese amor divino de Jesús atraviese nuestra noche y la convierta en amanecer.
Mañana, la hormiga volverá a sus reflexiones de siempre, esperando con alegría la resurrección del Señor.
Feliz día para todos.
 
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