DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 19 de noviembre 2025
Esta mañana quiero escribir sobre algo que sucedió ayer.
Un pajarito cristofué se posó en mi ventana y comenzó a picotear el vidrio cerrado. Su insistencia me sorprendió. Un ser tan pequeño golpeando contra una barrera invisible, sin miedo, sin pausa.
No buscaba romper el cristal, pero sirvió para recordarme que la vida siempre toca a nuestra puerta, incluso cuando creemos que está sellada.
Ese gesto sencillo me habló de perseverancia.
El pájaro no se detuvo ante lo imposible, y en su intento había una fuerza silenciosa: la certeza de que cada golpe es también un llamado a la esperanza.
Comprendí que todos nos ponemos muros que enfrentamos a diario: los de la rutina, los del miedo, los de la duda.
No obstante no son definitivos. Son apenas vidrios transparentes que nos separan de lo que deseamos. Y como el pájaro, podemos acercarnos, insistir, probar, hasta que un día se abran.
Cuando alzó vuelo, dejó en mí una enseñanza clara: que la vida no se mide por los obstáculos, sino por la valentía de enfrentarlos. Que incluso un gesto mínimo puede encender la confianza en que todo es posible.
El vidrio quedó intacto, pero yo quedé distinta: con la certeza de que cada día trae su propio canto, y que basta escucharlo para descubrir que el cielo siempre está más cerca de lo que creemos, si tenemos el valor de alcanzarlo. Y ese instante me dejó una reflexión luminosa.
Muchas veces creemos que los obstáculos nos cierran el camino, pero en realidad son pruebas que nos invitan a perseverar.
Me quedé con la sensación de que cada golpe contra el vidrio era un mensaje para mí: no te rindas, sigue intentando, porque incluso los muros más firmes pueden abrirse con paciencia y fe.
Feliz día para mi familia y amigos.

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