DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 11 de junio 2026
Ayer la hormiga me dejo sabios consejos, que escribí y compartí en las redes, con mis amigos y seguidores. Me hizo ver, de que están hechos mis días, y estaba en lo cierto. Pero hoy, algo me abrumó. No sé si fue el calor, o las situaciones inesperadas que a veces nos confunden y las transformamos en montañas que sentimos no podemos escalar. Así estaba yo, y al saludar a mi hijo, sus palabras fueron éstas: ”Si mamá, probablemente ese dolor de cabeza es un poquito de estrés, vete un rato al malecón y te quedas ahí, tranquilita viendo el mar, relajadita”.
Así pues, esperé a que la hormiga se subiera a mi hombro derecho y me hablara, porque cuando la hormiga habla, el jardinero se calla. Salí pues, y después de resolver alguna diligencia pendiente, me encaminé al malecón.
El mar en su inmensidad me hablaba. Allí, sola, al sol y frente al mar me paré cerca de las piedras, acariciadas suavemente por las olas, mientras yo buscaba el respiro necesario. Mi día pesaba y y parecía lleno de nudos invisibles.
Pero el mar, comenzó a hablarme sin palabras. Su rumor era como una caricia, mientras la brisa me despeinaba los pensamientos. Cada pequeña ola que rompía contra las piedras parecía decirme que mi estrés y mi angustia también podían deshacerse como la espuma que vuelve al agua.
Miré al horizonte y aspire sus promesas, porque ese mar que tanto me gusta no guarda rencores, solo memorias líquidas que me enseñan a fluir. Ese rato frente a su azul me dejó más liviana, como si el agua y la brisa me hubieran lavado.
Comprendí que mirar el mar es recordar que mi vida no se detiene aunque yo me ponga triste o esté cansada. Mi vida también tiene mareas, y que basta un instante para volver a sentirme parte del mundo. Feliz día para todos.

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