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Diario de una hormiga
Hoy es 30 de abril 2026
Desperté temprano y aún sin aclarar completamente salí a caminar. Entonces me di cuenta que el mundo de todos los días se abrió como un libro que siempre estuvo allí, esperando que yo lo leyera con calma.
Comprendí que no debía caminar para llegar, sino para mirar. Cada paso que dí fue una invitación a detener la prisa que a veces llevo, esa que corre más rápido que mis propios pensamientos.
Levanté la vista y descubrí que las nubes también caminaban conmigo. Las vi algodonadas, como si los ángeles hubieran pasado su pequeña escoba para esparcirlas por el cielo. Se desplazaban sin ruido, sin urgencia, como si esperaran que yo contemplara su belleza.
La brisa mañanera pasó entre los árboles y me tocó los hombros como un viejo amigo que me saludaba. Me recordó que todo respira: las hojas, las ramas, incluso la calle por donde yo caminaba. A veces esa brisa me trae un murmullo, otras veces un silencio. Ambos me enseñan algo distinto: uno me despierta, el otro me sosiega.
Las hojas que caían no se lamentaban por haber caído. Descendían con una elegancia que me causó admiración. Me enseñaron a soltar sin dramatismo, a dejar ir lo que ya cumplió su ciclo en mi vida.
Luego observé la calle, con sus grietas y su polvo, la que veo todos los días, pero hoy también tenía un toque de poesía. No era perfecta, pero sostenía mis pasos. Me recordó que la vida no necesita ser impecable para ser hermosa. Basta con mirarla con atención, con ese tipo de atención que nace cuando el alma se despierta.
Y entonces lo comprendí todo, caminar es una forma de escuchar. Escuchar al mundo, escucharme a mí. Cada detalle; una nube, una hoja, un soplo de brisa; es un mensaje que me devuelve a lo esencial. A la gratitud. A la calma. A la certeza de que la belleza no está lejos, sino justo aquí, en lo que a veces olvido mirar.
Feliz día para todos.
🐜🐜🐜
🐜Puede ser una imagen de crepúsculo, árbol, relámpago y nube

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