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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 18 de mayo 2026
Anoche chateando con mi hija, conversábamos sobre las bondades de cierto alimento. Y ella me sugirió ¿mami, por qué no escribes una hormiga sobre la alimentación, que es nuestra medicina? La idea me pareció buenísima, así que aquí va mi reflexión de hoy.
Porque hay una verdad antigua que a veces olvido, y es que mi cuerpo escucha todo lo que como. Cada bocado es un mensaje, una forma de decirme “quiero vivir bien” o “no estoy prestando atención a mi propia vida”.
Los alimentos no son solo sustancias, son energía que viene de la tierra, del sol, de la sabiduría de las plantas y de la paciencia de la lluvia. Por eso digo que la comida es medicina. Porque cura en silencio, sin químicos ni aditivos, sin anuncios, sin las urgencias que imponen los anuncios, sin ruido.
Cura cuando elijo colores vivos y alimentos frescos, cuando prefiero lo que nace y respira, cuando evito “las momias” congeladas de los supermercados, cuando honro el agua, cuando escucho a mi cuerpo antes que al antojo.
Cuidar mi alimentación no es una obligación,
es un acto de amor propio. Es tratarme bien como lo haría con mis seres queridos. Porque la salud no se improvisa, debo construirla cada día, igual que riego mis plantas o abro las ventanas de mi habitación para que entre el sol.
Alimentarme bien no es una dieta, ni un sacrificio, ni una moda. Es una forma de vivir y de agradecer a mi cuerpo por sostenerme, y devolverle ese cuidado en forma de alimentos que lo nutran y lo fortalezcan. Porque al final, la verdadera medicina está en lo cotidiano, en lo que elijo poner en mi plato, en cómo lo preparo, en la intención con la que lo recibo.
Y cuando como con amor, mi cuerpo responde con gratitud. Y mi vida, también.
Feliz día para todos.
 
 Puede ser una imagen de árbol

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