DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 14 de mayo 2026
Esta mañana, después de una noche no muy buena, porque a veces eso pasa, me he puesto a pensar en mis pequeñas manías.
Tengo una muy arraigada, de la época en que trabajaba en el Círculo de lectores, y debía aprovechar bien el tiempo en la entrega de los pedidos de libros.
Almorzaba viendo el reloj. Corría para todo, vivía acelerada. Una locura. Ahora que debo llevar una vida más tranquila, a veces sigo esa mala costumbre, que debo desaprender de mi vida.
Hoy quiero hacerlo por la urgencia con que llevo mi vida. Esa costumbre antigua de correr incluso cuando nadie me persigue, de adelantarme a los hechos como si la vida fuera una carrera que debo ganar a juro.
Quiero desaprender la idea de que todo debe hacerse ya, como si el mundo se fuera a desmoronar si yo no sostengo cada detalle con mis dos manos.
A veces me sorprendo apretando los hombros, como si cargara un reloj invisible que me exige llegar antes de tiempo. Pero hoy no. Hoy quiero soltar ese reloj. Quiero aprender a caminar sin atropellarme, a hacer las cosas a mi propio ritmo, como el mar que a veces avanza, a veces retrocede, pero nunca se le juzga por ir “lento” o “rápido”.
Simplemente va sin mayores preocupaciones. Hoy quiero desaprender la prisa que me roba tranquilidad. Quiero sentirme sin angustia o remordimientos cuando hago las cosas con calma, como lavar una taza, abrir una ventana, arreglar el cuarto, hasta respirar.
Quiero que mi día se parezca más a una ola que a un disparo. Y si en algún momento mi vieja costumbre me toma de la mano y me empuja a correr, recordaré que no hace falta llegar primero, hace falta llegar despierta. Feliz día para todos.

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