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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 9 de mayo 2026
Hoy he despertado con el recuerdo de algo que le escuche a alguien, en algún lugar. Mencionaba esa persona que dejar los sentimientos atrapados en el pecho sin sacarlos a flote, terminan endureciéndose por dentro. Y es muy cierto.
Hay cosas que siento y no digo. No porque no importen, sino porque a veces me falta el valor, el momento, o la claridad para nombrarlas. Y mientras las guardo, se quedan ahí, quietas. Si no las miro, ni las toco, si no las reconozco, empiezan a echar raíces en un rincón del corazón. Raíces que no siempre son dulces: pueden volverse duras, ásperas, como una pequeña raíz de amargura, que va creciendo.
Así que, pensando y pensando sobre eso, he aprendido que lo que no se expresa busca su propia forma de quedarse. A veces se convierte en un nudo en la garganta, otras en un cansancio que no sé explicar. Pero también he llegado a una mejor conclusión, algo más amable.
Si no puedo decirlo en voz alta, puedo escribirlo. Ponerlo en el papel sin miedo a herir, sin miedo a equivocarme, sin miedo a que alguien lo interprete mal. Escribir es una manera de hablar conmigo misma.
Dejar que la emoción salga sin romper nada. Si lo escribo, lo miro de frente. Si lo leo, lo entiendo. Y mejor aún, si lo medito, encuentro un punto justo, un equilibrio que calma mi mente y mi espíritu.
No todo lo que siento necesita ser dicho a otros, pero sí necesita ser reconocido por mí. Porque si lo callo demasiado tiempo se volverá sombra, y yo quiero luz. Quiero que en mi corazón solamente crezcan raíces de claridad, de paz, de amor, de honestidad conmigo misma.
Por eso escribo, para no dejar que nada se enquiste, para ser libre, para poder mirar de frente a todos, y sonreír a la vida.
Feliz día para todos.
🐜🐜🐜🐜

 Puede ser arte de libro

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