DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 30 de mayo 2026
Ayer teníamos pautado un interesante tema en el programa de radio, y cuando íbamos al aire, nos llegó el apagón. Lo más gracioso era, que el tema sería el estrés. Lo que pudimos hacer fue reírnos a oscuras, y regresar a casa, sin estrés.
Decidí reflexionar hoy sobre ese tema. Porque sucede que el estrés aparece cuando olvidamos que somos humanos, no máquinas. Cuando creemos que debemos sostener y resolver todo, llegar a todo. Pero en esa velocidad diaria, parece que nos olvidamos de respirar con calma, de sentir, hasta de pedir ayuda. En esa carrera sin relevos, aparece furtivamente ese enemigo llamado estrés. Llega sin previo aviso, como un murmullo suave al principio para engañarnos, a veces llega como un golpe seco en el pecho. Se instala en los hombros, en la respiración, en ese rincón del pensamiento donde creemos que debemos poder con todo. Nace cuando la vida nos exige más de lo que tenemos para dar, cuando las responsabilidades se amontonan como piedras húmedas, y el tiempo parece correr más rápido que nuestros pasos. A veces nace como una voz interna que grita y nos apura, o en esa manía de querer hacer todo perfecto. A otros los ataca en el miedo a fallar, y hasta en la costumbre de cargar silencios que no les pertenecen. En los insomnios prolongados. En esa preocupación de lo que pasará mañana, si podré o si fallaré. Entonces el cortisol, esa hormona loca que se apodera de nuestro cuerpo y nos hace llegar a los extremos del estrés, comienza a divertirse en nuestro cuerpo, produciendo pensamientos catastróficos o anticipación negativa y una serie de motivos que se enquistan en nosotros y nos estresan. Pero podemos superarlo. Se supera cuando movemos el cuerpo
para que la tensión encuentre salida, o buscamos un instante de silencio, con buena música, escribiendo, bailando, meditando, orando, descansando, una siestecita oportuna, un té o un café compartido, una relajación con respiración controlada, y cuando sea muy necesario pidiendo ayuda sin miedo a parecer frágiles. Porque la verdadera fortaleza no está en resistirlo todo, sino en reconocer cuándo necesitamos descanso.
Feliz día para todos.

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