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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 25 de mayo 2026
Escuchando el devocional de hoy, mientras tomaba mi café, escuche una palabra que me invitó a reflexionar sobre ella. Esa palabra es la intolerancia.
Vivimos unos tiempos, donde casi todo el mundo se cree en posesión de la verdad absoluta y se vuelven intolerantes a opiniones o palabras distintas a las suyas. Hoy hablamos, inclusive, de una generación de cristal.
Y es que la intolerancia es como un viento áspero. Como eso que cubre el cielo a veces y que llaman “polvo del Sahara”. No siempre llega dando voces, generalmente viene silenciosa y arrastrándose como una serpiente venenosa.
A veces se cuela en una mirada "torcida", en una frase dicha sin pensar, en la prisa por tener razón. Pero donde pasa, deja grietas.
La intolerancia nace cuando dejamos de mirar al otro como un ser humano completo y lo reducimos a una idea, a un error, a una diferencia. Y entonces, sin darnos cuenta, alzamos el dedo acusador y empezamos a levantar muros.
Muros de orgullo, muros de miedo, muros de “yo tengo la razón y nadie más”. El problema es que esos muros no solo encierran al otro. También nos encierran a nosotros.
Nos dejan sin aire, nos vuelven rígidos para aceptar lo que dice la otra persona. Es entonces cuando aparecen las consecuencias silenciosas, se apagan conversaciones, se enfrían amistades, y se rompen puentes que costaron años construir. Y lo más triste es que, cuando se instala, nos hace creer que estamos defendiendo algo importante, cuando en realidad estamos perdiendo algo esencial, la posibilidad de llegar a un entendimiento.
Ah, pero cuando somos tolerantes, todo cambia. No tenemos que estar de acuerdo en todo, tan solo tenemos que escuchar, y dejar un espacio para la duda, para la curiosidad. Recordemos que cada persona carga historias que no conocemos.
Ser tolerantes no es ser débiles. Es elegir la calma en vez del juicio, el puente en vez del muro, la mirada amplia en vez del dedo acusador.
Porque al final, la intolerancia destruye. La tolerancia construye. Y cada día, en cada palabra, o en cada silencio, elegimos de qué lado queremos estar.
Feliz día para todos.
 
 Puede ser una imagen de flor

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