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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 17 de abril 2026
Hoy amanecí melancólica. Tal vez mis pensamientos de anoche fueron los que provocaron mi insomnio. Pensaba en el amor.
Y es que el verdadero amor no conoce tiempos ni fronteras. Puede atravesar, calendarios gastados y silencios que parecían definitivos. No se marchita con la distancia ni se rompe con el tiempo; al contrario, se afina, se vuelve más claro, más esencial, como el sonido de un caracol marino que guarda dentro la memoria del mar.
Hay amores que no necesitan presencia diaria para sostenerse. Viven en la respiración, en un gesto que se recuerda sin esfuerzo, en la certeza tranquila de que el otro existe y nos piensa, esté donde esté, en el mensaje que envía a través de la luna.
Son amores que no se explican: simplemente permanecen, como una raíz profunda que no se ve, pero sostiene todo el árbol.
Ni los años, ni las despedidas, ni los caminos distintos logran desgastarlos. Porque ese amor no depende de la cercanía física, sino de una fidelidad interior, silenciosa y luminosa.
Es un hilo invisible que no se rompe aunque la vida tire de él con fuerza. Sé que hay amores así: hondos, invencibles, que no se desgastan, sino que se nutren día a día. Y que, aún separados por kilómetros o por años, siguen latiendo con la misma claridad del primer día.
Amores que no se olvidan porque no quieren olvidarse. Son para toda una vida, aunque el tiempo les peine canas, y les ponga kilómetros de distancia.
El verdadero amor no exige, no reclama, no se desespera. Espera sin ansiedad, acompaña sin invadir, reconoce sin poseer. Y cuando la vida permite el reencuentro —sea en un abrazo, en una mirada o en un simple pensamiento— ese amor se muestra intacto, como si el tiempo hubiera sido apenas un suspiro.
Y quien ha sentido un amor así, aunque sea una sola vez en la vida, sabe que no se trata de un recuerdo: es una presencia que permanece, suave y eterna, como una luz que nunca se apaga .Sé lo que digo.
Feliz día para todos.

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