DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 20 de mayo 2026
Ayer, en el programa de radio, tocamos un tema que a todos nos conmovió. Por la sencilla razón de que a todos nos tocó el alma. Hablamos de la vida. En realidad la vida finge ser larga, pero es un instante, aunque no me dé cuenta. Es como un soplo tibio de una tarde de verano que se posa en mis manos y, cuando creo haberlo tocado, ya está cambiando de forma, de rumbo, de luz. Ciertamente, vivo rodeada de relojes, es una manía que me quedó de mis tiempos en que trabajaba, pero el verdadero tiempo no hace ruido, no hace tic tac. Me pasa por encima en silencio, como la marea que sube sin previo aviso, como las flores de mi jardín que hoy se abren y mañana ya no están. Y ese constante fluir me recuerda que nada es tan mío como el momento presente. Hoy entiendo mejor que saber vivir no es correr detrás de los días, ni llenarlos de tareas para sentir que existen.
Es detenerse lo suficiente para escuchar mi latido propio, para mirar a quien amo y decirle “te quiero”, para abrazar a los hijos, a los nietos, a la pareja, a los amigos, como si cada encuentro fuera un regalo irrepetible y fuera la última oportunidad de hacerlo.¿Cuánto viviré?, eso no lo sé, pero quiero que lo que me quede de vida, pueda vivirlo más profundamente, sin dejar la alegría para más tarde, sin perder mi tiempo, viviendo los instantes que despierten mi alma, sin acumular años, tan solo disfrutándolos intensamente. Porque al final, lo que permanece no es la prisa, ni el miedo, ni el orgullo, sino la huella suave de lo que amamos. La risa compartida, la palabra que alivió, el abrazo que sostuvo. La vida es breve, sí, pero en su brevedad cabe un universo si aprendo a vivirla con conciencia, con gratitud, con la serenidad de quien sabe que cada día es una oportunidad, que puede ser la última. Cuando me vaya, quiero dejar mi huella.
Feliz día para todos.

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