DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 17 de mayo 2026
Que sabroso es amanecer descansada, después de pasar una buena noche. Y me gustaría que mi día siguiera en ese mismo ritmo.
Para ello, confío en el poder de mis palabras, declarando que este día va a ser mejor, mejor y mejor que el de ayer. Y cuando expreso esto de viva voz, me doy cuenta que hay palabras que acarician, y no porque sean suaves, sino porque me llegan con una intención limpia, aunque sean mis propias palabras.
Me llegan como la brisa que reconoce mi cansancio cuando lo tengo y lo alivia. También, a veces, yo misma me destruyo el día con mis palabras. No necesito ni siquiera pronunciarlas ni gritar, basta un mal pensamiento y ellas me caen encima como piedras sobre un espejo y lo quiebran sin remedio. Entre mis palabras suaves y las otras, las destructoras, juego gran parte de mi vida.
Con lo que me digo, en el silencio de mi pensamiento, puedo hacer de mi día un refugio de paz, o provocar un incendio devastador. Inclusive, puedo construir un muro impenetrable a mi alrededor. Es por eso que debo ser cuidadosa al dejar entrar pensamientos a mi cerebro, porque ellos luego salen en palabras, y en cada frase que pronuncie puedo sembrar paz o abrir una herida que tardará años en cerrarse.
Cuando uso palabras que acarician, mi vida se vuelve más habitable, mis días más amplios, mis momentos más inolvidables. Mis palabras amables pueden cambiar el rumbo de una mañana, de una amistad, de un corazón que espera.
Al evitar palabras destructoras, pongo un escudo protector a mi alrededor y alrededor de mis seres queridos y mis amigos. Nos protegemos de la amargura, del resentimiento y de las sombras.
Porque al final la vida se construye así, con la elección consciente de cada palabra, para formar el camino que deseo caminar. Hoy declaro que quiero que mis palabras sean la arquitectura de mis mejores momentos, la música que los acompaña, y la luz acariciadora que me sostenga.
Feliz día para todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario