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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 4 de junio 2026
Me desperté con un pensamiento fijo en mi cerebro. ¿Por qué algunas personas creen que son los dueños del mundo?
No quieren entender, que estamos relacionados unos con otros, y debemos tratarnos con amabilidad y respeto. No porque seamos familia, sino que como seres humanos influimos en nuestro entorno y en la vida de los demás.
A veces sin querer, otras con intención. Puedo darme cuenta que el entorno me toca antes incluso de que yo sepa nombrarlo. No vivo en una isla. Mi entorno me moldea con la paciencia del agua sobre la piedra.
Todo puede influir en mi día a día, como por ejemplo, la luz que entra por la ventana, el tono de una voz cercana, la calma o el desorden de una habitación, la actitud amable o áspera de quien pasa a mi lado.
Y es que soy una criatura permeable. Absorbo colores, silencios, ritmos, miradas. Cada día me atraviesa como un viento que me deja huellas invisibles, y sin darme cuenta voy adoptando la forma de lo que me rodea.
Pero también yo puedo influir en mi entorno. Porque soy fuente que no solo recibe, también puedo irradiar buenas actitudes que influyan en los demás. Puedo hablar con palabras suaves y positivas, puedo sonreír sin esfuerzo. A veces basta un suspiro sereno
para que otro encuentre un poco de paz. Y quizás una frase dura hace que el día de alguien se vuelva más pesado.
Somos arquitectos de atmósferas. Soy el resultado de lo que me rodea y, al mismo tiempo, la causa de lo que otros sienten. Vivo en un intercambio constante. Y quizá la razón de ser feliz es recordar que caminamos dentro de un tejido vivo donde todo lo que doy vuelve, y todo lo que recibo me transforma. No desees para otro lo que no deseas para ti.
Feliz día para todos.

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