DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 18 de junio 2026
Medito sobre situaciones pasadas, que han dejado en mí, un dejo de malestar espiritual. A veces la vida me pone frente a tormentas que no me anunciaron su llegada.
Una discusión que se encendió sin querer, un gesto mal interpretado, una palabra que se escapó con filo y contra mi voluntad y dejó un silencio pesado entre dos personas que se quieren.
En esos momentos, resistir no es endurecerse y empecinarse en tener razón. Es más bien recordar que la palabra, si la uso con conciencia debe ser un puente de unión y no un arma de guerra. Resisto cuando el conflicto intenta arrastrarme hacia lo peor de mí y yo no quiero, cuando la rabia quiere dictar mis respuestas y no la dejo y el orgullo me susurra que no ceda, pero yo cedo mi posición.
Resisto cuando el impulso me empuja a herir, pero yo elijo, en cambio, respirar antes de hablar y de ser posible contar hasta diez, o hasta cien si fuera necesario.
Porque sé que la palabra tiene un poder inmenso, puede levantar muros o abrir ventanas, puede apagar una herida o avivarla. Y yo quiero que mis palabras sean luz, aunque a veces tropiece con mis propias sombras.
También resisto cuando reconozco mis errores, y me miro de frente, y admito que me equivoqué. Y soy capaz de dar mis disculpas, aunque la otra parte , aun sabiendo que está equivocada, no quiera hacer lo mismo o me vuelva la espalda.
Disculparme, no me hace más pequeña, ni menos que nadie. Al contrario, me engrandece. Hoy escribo esto para recordarme que mi verdadera fuerza no está en ganar discusiones, sino en no perderme a mí misma en ellas.
Que resistir es elegir la paz sin renunciar a la verdad, y que cada palabra que digo puede ser un refugio o una grieta. Yo elijo que sea refugio y resistir desde la bondad, desde la claridad, y desde la humildad de saber que siempre puedo hacerlo mejor. Feliz día para todos.

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