DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 1 de agosto
Comienza un mes nuevo, para estrenar, y hacer de él un gran mes. Es el mes cuando nos llegan los vientos calientes que llamamos caldereta, que secan la tierra y que a veces hacen caer las ramas de los árboles.
Pienso en esas calderetas y eso me ayuda a reflexionar sobre mi diario vivir. Porque a veces siento que el mundo sopla demasiado fuerte, como si quisiera arrancarme de raíz. Como esos fuertes vientos de la caldereta.
Pero he aprendido a resistir de otra manera, no desde la rigidez, sino desde la flexibilidad. Me miro por dentro y me descubro como un junco, me descubro como un cocotero. Puedo doblarme, si, pero no me rompo. Y es que en estos tiempos difíciles y complicados que estamos viviendo todos, mi fuerza no está en desafiar al viento, sino en acompañarlo sin perderme.
Quiero recordar que incluso las tormentas más feroces pasan, y que yo sigo aquí, de pie, aunque haya tenido que inclinarme para sobrevivir. Hoy, llego a la conclusión que resistir no es endurecerme, es mantenerme viva.
Es confiar en que mi raíz sabe más que mis miedos. Es saber que cada vez que el viento me empuja, también me enseña. Y con voluntad y valentía, le hago frente. Hoy me abrazo así y me reconozco. Soy flexible, firme, y todavía creciendo.
Feliz día para todos.

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