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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 12 de agosto 2026
Esta mañana decidí salir algo más tarde a hacer mi caminata deportiva diaria. Primero debía dejar algunas cosas en su sitio. Cuando salí, me maravillé de la gritería tan espontánea de los periquitos y otros pajaritos en los árboles de caoba.
Y los imaginé en su diario trajinar, siempre buscando su alimento, cuidando de sus crías, a pesar de la lluvia, el sol, o el abuso que a veces cometen los desadaptados, tirándoles piedras a esas aves tan bellas. Los pajaritos son para vivir en libertad.
Pensé entonces, en nosotros, los humanos, que deberíamos tener ese valor de escuchar a la naturaleza. Usar nuestra resiliencia de otra manera, no como una fuerza, no como un aguante, sino como una forma de escucha. Porque la resiliencia, de la cual se habla mucho en estos tiempos, no es un músculo ni una armadura. Es más bien como un oído secreto.
Yo lo siento como un modo de inclinar mi alma hacia aquello que insiste en vivir dentro de mí. No se trata de pasarme la vida resistiendo golpes, sino de escuchar lo que esos golpes me revelan.
Puede ser una grieta que se abrió para que entrara luz, o quizás la pausa que me obligó a sentir el pulso verdadero de la vida, o sea lo que realmente vale la pena vivir. El poder sentir, tal vez, el temblor que me recuerda que aún estoy hecha de movimiento.
Sí, es cierto, a veces la vida nos pide fortaleza, eso es innegable. Pero en otras ocasiones, no pide eso, lo que me pide es atención, porque lo que llamo “superar” no es más que aprender a oír el murmullo que queda después del caos, ese susurro mínimo que me dice, “sigue, que tú puedes, pero inténtalo ahora de otra manera”.
Feliz día para todos.
 Puede ser una imagen de una o varias personas, personas sonriendo, anteojos y joyas
 

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