DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 14 de agosto 2026
Esta mañana, después de llegar de mi caminata saludable diaria, de escuchar el alboroto de los periquitos entre los árboles, y ver al sol saliendo algo tímido todavía, entre las nubes, me puse a pensar en una palabra interesante que escuché en un devocional bíblico. La palabra es “solidaridad”.
Palabra que, con tantos acontecimientos que están pasando en el mundo, debemos tomar en cuenta para ponerla en práctica. La solidaridad no es dar lo que me sobra, sino comprender que jamás estaré completa si permanezco aislada.
Creo que la solidaridad es como una penumbra temporal de la realidad, donde el amor al prójimo pudiera ser un abrazo ciego que sostiene en los momentos difíciles.
No es un gesto de caridad que hago para “ganar puntos”, tampoco lo hago por obligación, sino como una verdad más profunda, y es que en este mundo existe un tejido compartido. No vivimos en islas, estamos conectados unos con otros. La herida del otro, aunque lejana, siempre puede sentirse en la piel de uno que sabe mirar con atención y tiene sentimientos.
Es un “hoy por tí, mañana por mí”. Cuando tiendo mis manos, en un mundo a menudo indiferente, es como un acto de rebelión . Y cuando miro la fragilidad ajena, puedo reconocer en ella que también soy frágil. Porque la solidaridad no altera únicamente la realidad de quien la recibe; sino que transforma, sobre todo, la conciencia de quien entiende que la empatía no es un deber, sino el verdadero lenguaje de la vida.
Quizás la verdadera fuerza humana no esté en resistir solos, sino en aprender a sostenernos juntos, porque todos somos estrellas que brillamos más, cuando compartimos el mismo cielo.
Feliz día para todos.

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