DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 8 de julio 2026
Amanece un día que pareciera nuevo, de paquete. Pero es igual al anterior. Un día lleno de incertidumbres y dudas. Y aunque deseo firmemente mostrarme muy positiva, a veces se me vienen los recuerdos encima y me aprisionan el alma.
A pesar de eso, hoy mi casa respiró distinto. Como si las paredes, cansadas de sostener silencios, ayer hubieran sentido el roce atento de las personas que llegaron a mirar sus heridas sin miedo. Ellos tocaron las grietas con una delicadeza inesperada, midieron el daño, escucharon el temblor que quedó atrapado en los rincones, y, sin saberlo, trajeron una luz pequeña, pero suficiente.
Ese temblor atrapado en los rincones de mi casa, es el mismo que llevo en los bolsillos y en mi maletita viajera.
Pero también respiro distinto, después de esa visita,porque algo en mí se aflojó, como si la vida, esa que parecía suspendida, hubiera dado un paso hacia adelante. Sentí una alegría suave, discreta, casi tímida, pero real. La certeza de que mi mundo puede volver a ser mío, que lo perdido no está perdido del todo, que la reconstrucción también es una forma de esperanza.
Hoy no se arregló nada, pero algo empezó a moverse. Y ese movimiento, mínimo y luminoso, ya es un comienzo.
Mi fe sigue intacta, y mi esperanza también.
Feliz día para todos.

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