Hoy es 31 de julio 2026
Hay días más difíciles que otros, y esos días nos hacen ver el cielo lleno de nubarrones. Pero también es cierto que si me lo propongo puedo cambiar mi día. Y eso implica una promesa.Cuando me hago una promesa a mi misma, estoy dispuesta a cumplirla, me cueste lo que me cueste. Porque el cumplir promesas es algo que nos fortalece la personalidad y forma nuestro carácter. Siempre he sido cumplidora de mis promesas. Mi familia lo sabe y mis hijos lo certifican cuando dicen “si mi mamá promete algo, lo cumple”. En este caso, hoy quiero reflexionar sobre las promesas que yo misma me hago. Así que hoy empezaré por lo mínimo, por ese territorio silencioso donde nacen las promesas que no le comento a nadie, pero que me sostienen el día a día. No son grandes juramentos ni metas que exhibo, ni comento; pero para mí son hilos finos que tejo conmigo misma, casi sin ruido, como quien repara una tela querida. Hoy prometo cuidarme, cuidar los rincones de mi alma, mis respiraciones. Me comprometo a escucharme antes de salir corriendo. Me prometo no abandonar lo que sé que me hace bien, aunque sea pequeño, aunque nadie se dé cuenta. Porque en esas pequeñas fidelidades a mi misma se juega algo más grande: mi capacidad de confiar en mí. Las promesas son una forma de reto personal. En un mundo que exige grandeza, velocidad y resultados visibles, ellas nos devuelven al ritmo humano, al pulso diario. Nos recuerdan que la transformación verdadera no siempre se anuncia; a veces se teje en silencio, como el mar que pule una piedra sin que nadie lo note. Y cuando me cumplo esas pequeñas fidelidades, algo se ordena dentro de mí. No es un triunfo, es una sensación de que mi vida, aunque imperfecta, avanza en la dirección correcta. Como si mi alma me susurrara: “gracias por no abandonarme en lo más pequeño”.
Porque al final, las promesas pequeñas hechas a mí misma son la manera más humilde y más profunda de cuidar mi propia personalidad. Son un pacto silencioso con la posibilidad de ser un poco más verdadera cada día. Cumplirlas no es un acto heroico, sino un gesto de lealtad hacia mi propia vida. Y decirme:"si, puedo confiar en mi". 

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