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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 6 de julio 2026
Está mañana, la hormiga viajera estaba indecisa. No sabía si salir de viaje o quedarse a meditar. Como sintió la necesidad de evadirse un poco, decidió subir a su bicicleta y pedalear temprano, con su corazón ligero, rumbo a Patanemo.
Pedaleó con buen animo hasta alcanzar las curvas de la vía. En una de esas curvas, la del mirador, se detuvo un instante. Desde allí el mundo parecía recién creado.
El mar se extendía como una respiración azul, el cielo lo imitaba con su propio brillo, y entre ambos, la hormiguita observó una línea tan fina que parecía un pensamiento, una promesa, una puerta abierta que la invitaba a seguirla.
Mi hormiguita contempló ese horizonte y sintió que algo dentro de ella se acomodaba, como si su pequeño corazón encontrará un sitio nuevo. La brisa le traía el olor salobre del mar con sabor de historias antiguas. Detrás de ella las montañas guardaban silencio como gigantes mudos que la observaban, mientras se envolvían en su abrigo de luz suave que hacía mas hondo y remoto el paisaje.
Al llegar a la playa, mi hormiguita dejó la bicicleta en la arena y corrió hacia el agua. Y reía. Con la alegría simple de estar viva, con la idea de que cada ola era un recordatorio de que a pesar de todo la vida sigue, insiste y se renueva. El sol calentó su espalda, el mar refrescó sus patitas y en ese vaivén descubrió que la felicidad no es un destino, sino un modo de mirar su entorno .
Ese día, en Patanemo , la hormiguita viajera entendió que vivir es también detenerse, respirar, sentir el mundo, y agradecer a Dios que aún estamos aquí, respirando, moviendonos, soñando, pedaleando y celebrando la vida y la belleza que aún nos sostiene.
Feliz día para todos. 
 Puede ser una imagen de océano, playa y horizonte
 

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